lunes, 13 de julio de 2009

ASUNTOS INTERNACIONALES

Dos con quince de la tarde, suena el NET10 prepago que compre meses atrás en el RadioShak de la calle Broadway en un pueblito llamado Red Lodge, cerca de la frontera con Canadá; que a diferencia de donde vengo es más fácil encontrar más animales que personas y más arboles y lagos que casas y grifos (esos que complacen de madrugada y que venden más cerveza que otros fluidos). Era hora.

Alcance a ver mi billetera deteriorada mas por el derroche de los fines de semana que por su propia edad, la eché en el bolsillo y me dirigí a la puerta. Pensé en caminar; sin embargo la distancia, que era muy larga, y el sol, en un acto que parecía más ilícito que el que me disponía a realizar; me detuvieron. Nunca me convencieron los taxis de la ciudad y mucho menos los conductores de acento extranjero y vos aguardentosa que frecuentan esta zona. Cómo podía confiar en una persona que no entiende el idioma del país donde se encuentra. Cómo entenderme con aquellas personas, si no soy de este país y mucho menos pretendo hablar otro idioma. Bastante ya tengo con este que a duras penas voy perfeccionando.

Veinte minutos más tarde y después de recordar que no tengo bicicleta – y si la tuviera, no la usaría- tome la determinación de embarcarme en el crucero del servicio de transporte público de la ciudad de Los Angeles. Me subí al Metro. Una extraña sensación asalto mi mente; fue como retroceder en el tiempo y abordar un ENATRU en la Javier Prado antes de fines de los ochentas y antes de que un ex presidente, mas japonés que ingeniero y mas ingeniero que peruano, diera rienda suelta a un creativo programa de privatización de empresas estatales propuesto por su mandato a inicios de la década de los noventa.

Va cayendo la tarde y un carrito de helados al mismísimo estilo de carretilla D’Onofrio peruana , salvo por el conductor amostachado – sospecho de origen tortillero (mexicano)- , anunció la llegada a mi destino.

El lago Mc Arthur se presenta imponente a la derecha. Bajo del bus, la realidad desplaza al espejismo. Decenas de centro americanos invaden los alrededores del lago, lo que en antaño fuera uno de los parques mas hermosos de la ciudad ha sido tomado y convertido por gente de diversas nacionalidades en uno de los campamentos más grandes, desordenados y con menos carpas que he presenciado en mi vida. Convertido a la fuerza en un Hotel de Mil Estrellas para quienes buscan donde pasar la noche antes de ir a trabajar, buscar trabajo, mendigar, fumar o tirar. Ya nadie recuerda que existe el lago en el corazón del parque.

Me escurro por entre los ambulantes que ofrecen documentos de identidad falsos, números de seguro social, licencias para conducir y hasta lo nacionalizan a uno por una suma de dólares que no tuve el valor de preguntar. A medida que avanzo descubro nuevas cosas. Casi nadie habla Inglés , los negocios informales invaden las calles de par en par, cámaras ocultas por la policía y el servicio de inteligencia en cada poste y edificio de la calle, patrullas de la policía hacen rondas cada cierto tiempo.

- Ayer cayeron tres – me cuenta una viejita con acento venezolano al llegar a una intersección- ahora los policías están de civiles, las cosas ya no se consiguen así nomas.

Sólo una cuadra – me digo a mi mismo – mientras camino frente a un edificio color crema de facciones antiguas y con muro enrejado a media altura que me recuerda a las casonas de de San Isidro en El Olivar y La Lima colonial. Un grito proveniente de una de las ventas del último piso reajusta mi mal afinado ojo arquitectónico y descubro que aquella construcción lo único que tenia de elegante era un par de grafitis, que cubrían la fachada de la primera planta y distraían la vista de los posibles inquilinos de la falta de pintura en sus paredes; y un Cadillac 100 aparcado en la entrada – tampoco quise preguntar como alguien que tiene tanto dinero para comprar un auto como ese puede vivir en un lugar como aquel-.

Después de caminar cinco cuadras durante 15 minutos y descubrir que pude haber tomado el bus que va por Olimpyc Blvd. y bajarme a una cuadra de mi destino y caminar solo por 3 minutos; decidí pegarme una cachetada.

Over Sun travel anunciaba un letrero a la entrada; el diseño de la publicidad me hizo pensar de de repente en la formalidad de la agencia y en la informalidad que se organizaba dentro.

- Busco a la Jefa, vengo de parte de mi primo; y di el nombre.

- Tome haciendo – dijo mientras hacia una llamada.

- El muchacho acaba de llegar, está buscando el paquete ¿Cuantos le doy?- acordaron la cantidad y colgó el teléfono.

- Le va a salir caro a tu primo - me dijo la chica con una sonrisa que no pude interpretar en ningún idioma mientras me entregaba algo se parecía más a una caja vieja mal envuelta que lo que venía a recoger.

Mientras finalizaba la transacción entro un grupo de personas, la mayoría de acento mexicano, discutiendo sobre un partido de futbol y como mi afición por el deporte es mayor que mi prudencia y casi siempre me dirijo con mas afición que acierto; decidí que sentarme a escuchar las noticias del deporte rey por parte de locutores internacionales sería mejor que regresar al departamento de inmediato. Al rato me di cuenta de mi ingenuidad. Esos viejos sabían tanto de futbol como yo de taichí. Sin embargo algo en su conversación capturo mi atención de inmediato.

Uno de ellos le increpaba al otro que se argentinizara - agregando un “che” al final de su explicación-. Que disfrazara su identidad haciéndose pasar por una persona ajena a él, argumentando que de esa manera las personas de su colonia, barrio o trabajo lo iban a ver de otra forma y lo tratarían mejor. Me reí mentalmente.

A estos tíos no sólo le falta personalidad y autoestima –pensé -, también les hace falta una máquina de afeitar para que se rasuren ese bigote de mierda. Siempre pensé que México tiene cuatro definiciones por antonomasia: El Tequila, El Chivas, Los tacos y El Bigote. Cuatro motivos de orgullo, cuatro patrimonios nacionales con los cuales identificarse y por los cuales sentirse orgulloso. En Peru - y para mi – serian: El Pisco, La Comida (y me refiero a la comida en general, no solo al ceviche), La Selección (sarcasmo), El Surf y Cusco.

Me puse de pie y al salir de la oficina no pude evitar notar que el señor que le increpaba al otro que se argentinizara (con el “che” al final de la explicación) llevaba puesta una medalla del señor de los milagros, un polo rojo con letras grandes que decía TE AMO PERU y tomaba Inka Cola.

Estaba tan molesto que olvide tomar el bus en Olimpyc Blvd y caminar 3 minutos en lugar de 15 que cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo, 3 cuadras y 9 minutos después, no pude evitar pegarme otra cachetada y esta vez más fuerte que la primera.

Camine las 2 cuadras restantes a paso lento sin prestar atención a los ambulantes de las esquinas, a los falsificadores de documentos o a la basura que se disputaba un partido – que iba ganando - con los indocumentados por conseguir las mejores suites del parque con vista al Lago Mc Arthur en el corazón de Los Angeles. Sentí que esas dos cuadras fueron mucho más largas que cuando me dirigía a la oficina; tal vez el dolor a causa de esa segunda cachetada fue el que me provoco esa sensación. No lo sé.

Subo al Metro nuevamente y no puedo evitar recordar los buses de ENATRU, el Programa de Privatización de los noventa, a Fujimori en Panamericana diciendo: “Disolver”; recuerdo también a Montesinos, al Grupo Colina, los Vladivideos, el gobierno de un presidente que reconoció a su hija por presión política, a su esposa francesa, a Pollack, Almeyda, Blue Bay, el secuestro del Melody; recuerdo también a García, la inflación, La Cantuta, el nuevo gobierno, Bagua, la informalidad, la corrupción, el desorden, las mentiras, mi país.

Ahora estoy convencido que la memoria, la razón y los avatares de la vida les han brindado a estas personas razones suficientes para pretender ser de otro país y simular acentos de lugares lejanos - mientras más lejos mejo- y que no conocen ni siquiera en mapa. A pesar que intento comprender el fenómeno de transfuguismo nacional no logro encontrar razones suficientes para pretender ser de un poco más hacia el norte, centro o del sur. Soy de donde vengo y me define lo que hago. Es todo lo que necesito.

Abro el paquete marrón que me entregaron hace un rato. Chifles Piuranos leo en la etiqueta. Es de donde vengo. Sonrió y dejo salir un WUA en tonos graves para burlarme de uno de los tránsfugas que logro ubicar en el asiento de atrás mientras me prometo hablar como hasta ahora vengo haciendo.